Campamento de varones en San Martín de los Andes

Con la presente crónica queremos relatarles las actividades que hemos realizado desde el día 12 hasta el 21 de Enero con un grupo de 75 jóvenes de todo el país en la provincia de Neuquén en San Martín de los Andes.

No podemos empezar sin antes contarles que al comienzo de este campamento tuvimos unas cuantas dificultades, por las que tuvimos que posponer por 2 días el campamento. Fueron problemas técnicos con uno de los vehículos que debía partir desde la ciudad de Buenos Aires con unos 12 jóvenes que se habían inscripto para participar del campamento, pero, al ser un problema que no tuvo solución hasta el día 20 (día en que terminaba el campamento) nos vimos con la necesidad buscar otros vehículos, de manera que, con lo que se fue consiguiendo partimos en distintas tandas con los jóvenes. Debido a esto, los que se habían inscripto desde Buenos Aires no pudieron participar del campamento (lo cual fue un gran dolor para nosotros, para dichos jóvenes y para quienes estaban organizando ese viaje). Y llegamos a San Martín de los Andes dos días después de lo estipulado para empezar con mucho entusiasmo (de parte nuestra y de los chicos también) con todas las actividades que fueron preparadas..

Dichas dificultades llevadas con paciencia dieron sus frutos al final del campamento, sobretodo en dos de los jóvenes que tuvieron la oportunidad de hacer su primera comunión.

Una vez en San Martín, nos seguían esperando otros sucesos inesperados; cuando llegamos, nos dirigimos al lugar donde habíamos acampado el año anterior. Pero el dueño de la estancia nos había preparado otro lugar a veinte minutos caminando. Cuando llegamos, dispusimos todo para empezar con las actividades.

En el primer día entregamos a los jóvenes las listas con los cuatro equipos que tenían como patronos a cuatro apóstoles: San Simón, San Matías, San Bartolomé y Santiago el Mayor. Se los eligió a ellos por ser el fundamento de nuestra fe católica, por ser este año en el que el papa Benedicto XVI lo dedicó a la profundización de la fe.

El primer día de competencias se dieron grandes ventajas de unos equipos sobre otros en distintos deportes: fútbol, vóley, carrera con obstáculos, etc. Pero aún faltaban muchas otras competencias.

Para el segundo día se organizó la salida a la montaña, y, como la levantada nos sorprendió con una niebla que amagaba lluvia, cambiamos los días de las otras actividades con la de la salida a la montaña. Pero son esas cosas de la Providencia de Dios que uno no llega a entender sino en el momento justo, pues el día que amaneció con niebla fue uno de los más calurosos de todo el campamento, y habría sido realmente fatal subir con tanto calor un cerro. Así que al segundo día se les entregó a los jóvenes los elementos necesarios para las otras actividades: telas y acrílicos para la competencia de estandartes, también se le entregó a cada uno un catecismo “de la 93 preguntas” para que lo repasen y estudien, también cada equipo eligió frases para colocarla como lema de cada una de las patrullas, algunas bíblicas, otras acuñadas por los mismos jóvenes. Y en cada estandarte quedaban fijados artísticamente los ideales de los equipos y, expresando en símbolos las características del santo patrono. Ayudados también por los religiosos, cada patrulla compuso un himno con melodías de otros adaptadas a las vidas de los patronos. En general se presentaron trabajos de mucho nivel artístico, tanto manual como musical.

Llegó el día de la salida a la montaña, muchos de los jóvenes lo esperaban con ansia, otros, aunque  no tanto, se unieron al grupo con buen ánimo y alegre vencimiento de sí mismos.

Los grupos se dividieron en dos: unos que, quedando a cargo del P. Ezequiel Pizarro se fueron temprano hacia Bariloche y hospedaron en la Escuela Militar de Montaña. Allí llegaron, acomodaron sus cosas: sus bolsas de dormir, las ollas para cocinar, la valija con las cosas de la Sacristía para tener la Santa Misa en la cumbre de la montaña, etc. Por la tarde jugaron al fútbol en el regimiento por espacio de 2 horas y algunos minutos más, y después de una ducha y de la cena se fueron a dormir, pues al otro día los esperaba la escalada del cerro “López”. Llegaron todos a la cumbre, y allí después de haber tenido la Misa, almorzaron y descansaron tanto de la dura escalada como del partido de fútbol del día anterior en el regimiento. Después de un par de horas de descenso, llegaron de nuevo al regimiento a pasar la última noche antes de regresar al lugar del campamento.

Con el otro grupo (más numeroso) subimos un cerro de menor altura pero no de menor exigencia (C° Ezpeleta, de 2120 msnm). Salimos no tan temprano desde el campamento base en larga caminata embellecida por cantos campamenteros entonados por los jóvenes y los religiosos. Atravesando un hermoso bosque se divisaba la bella cumbre. Los jóvenes fueron llegando cada uno a su ritmo, hasta que, llegados todos, tuvimos la gracia de participar de la misa presidida por el P. Jean Casamayor, sacerdote de 64 años que nos acompaña en estas actividades por segunda vez consecutiva y por quien se nos facilita el hermoso lugar el Lago Hermoso para poder realizarlas. Finalizado el culto divino, emprendimos el regreso, en el cual un grupo tardó más por quedar perdidos en la espesura del bosque, pero, como pasada dificultad, encontramos el sendero y pudimos llegar, aunque un poco tarde, sanos y salvos al campamento de donde habíamos salido.

Los últimos dos días los dedicamos a la pesca y otras actividades como fueron campeonatos de fútbol, partidos interminables de truco, pasar tardes enteras jugando en el lago tocando la guitarra y cantando todos juntos en un clima de suma alegría y felicidad. Por las tardes teníamos el rezo del Santo Rosario y la Santa Misa, y llegada la noche cenábamos a la vera del fogón, de nuevo con cantos acompañados de la guitarra y, a veces, con rondas de chistes o payadas al estilo gauchesco en las que brillaron algunos de los jóvenes por su ingenio y su chispa para los versos y las ironías.

El campamento iba llegando a su fin, y los jóvenes se entusiasmaban más con las competencias y los juegos a la orilla del río y también con los juegos nocturnos también en los bosques. Después de cada juego y de las oraciones de la noche, uno de los padres, turnándose por día, les daba a los chicos un pequeño pensamiento sobre La Virgen, La Misa, u otros temas, una tradición que utilizaba San Juan Bosco en su Oratorio para niños y jóvenes y que lo llamó “Buenas Noches”, para que los jóvenes se lleven un sano pensamiento al ir a acostarse.

En el momento de las despedidas, no faltaban lo comentarios de los jóvenes como: “yo el año que viene no me lo pierdo”, o algunos con cierta chispa: “yo les voy a comprar un colectivo para el año que viene”, y con mucha alegría todos nos despedimos hasta reencontrarnos en el año 2014.

Antes de partir uno de los grupos de los jóvenes salió el día 19 de Enero, de modo que tuvieron la Santa Misa y luego partieron de vuelta a sus hogares. Pero en esta Misa, como ya lo anunciamos al principio, dos de lo jóvenes que participaron del campamento tuvieron la oportunidad de hacer su Primera Comunión, fueron Bruno Stocco, el “Colorado”, muchacho de 16 años de Mendoza y Lucas Aguilar, que nos ayudó con el tema de los vehículos. Estos fueron los frutos más grandes que Dios nos ha dejado ver, pero estamos seguros que ha dado otros que escapan a nuestros ojos y que les servirán tanto a los jóvenes como a sus familias que con generosidad los han entregado a esta aventura.

Con el resto de los jóvenes que esperaban el colectivo para el viaje de regreso, fuimos a pasar la tarde a orillas del lago, en el que se encuentra un puente de unos 3 metros de alto y desde el cual se tiraban a las aguas del río, pero solo los que se animaban a ello, porque algunos sufrían cierto “vértigo” (por no decir “miedo”).

La última tarde, paramos el la ciudad de San Martín, allí los chicos compraron regalos para sus familias y recuerdos para ellos también. Cenamos en la plaza y después de ello, dispusimos todo para volver a San Rafael.

En el viaje de regreso, otra vez los vehículos profundizaron la aventura y alargaron el viaje. Dos de ellos rompieron cubiertas, uno quedó sin gas-oil a veinte kilómetros de una de las paradas, a otro se le agujereó la correa del turbo, etc, dificultades que llevan su tiempo, pero que al fin y al cabo se resuelve y no pasan a ser más que hechos anecdóticos.

Llegados al Seminario Menor, algunos de los padres buscaron a sus hijos en sus propios vehículos. Otros fueron llevados a la terminal; algunos hasta dos veces, pues los que eran de Mendoza capital perdieron el pasaje de las 19: 30 hs, así que consiguieron otro a las 21: 30, así que regresaron al Seminario Menor, donde mataron el tiempo jugando al ping pong, al pool, donde comieron unos choripanes con los religiosos, y después fueron llevados a la terminal para viajar a sus hogares.

A Dios sean dadas las gracias en primer lugar, porque El bendice estos trabajos y es El mismo el que infunde los gérmenes de santidad en los chicos que participan de estas actividades y es El también el que da los frutos en ellos mismos.

A todas las personas que han colaborado en lo secreto con su oración y sus sacrificios para que este campamento saliera del mejor modo, por eso Dios lo bendijo por medio de las cruces de las dificultades que no faltaron ni al principio ni al final. También al Padre Jean Casamayor, que nos acompaña siempre con un grupo de jóvenes de San Luis y que se encarga de hacer los contactos necesarios para conseguir los lugares realmente espléndidos para llevar a cabo estas actividades año a año, y a la familia Steverlinck que con indecible generosidad nos facilita el lugar en su estancia para la organización de estas actividades.

También a los voluntarios que nos han ayudado en las distintas tareas como la cocina, la mecánica de los vehículos, la organización de los chicos, de los juegos y las competiciones, y a los religiosos que facilitan los trabajos de los sacerdotes.

A todas las familias que han confiado a nuestro cargo a sus hijos consientes del riesgo que conllevan estas actividades: como la subida a la montaña, etc. Esos sacrificios Dios lo tiene siempre en cuenta y los hace fructificar en el alma de sus hijos con virtudes y valores cristianos.

Que Dios siga bendiciendo este tipo de actividades y que nos bendiga cada año con la asistencia de más jóvenes, pues es para el bien de ellos y de sus familias que se organizan este tipo de actividades y que se ven mejoradas con el paso del tiempo.

Los saludamos en Cristo y María Santísima, Madre de los jóvenes,

PD: es de destacar este año el apostolado que pudo hacerse con las familias de la estancia, con familias que estaban alquilando cabañas, y con muchísimos jóvenes de colegios católicos de Buenos Aires que pasaban como “mochileros”. ¿En qué se vio este apostolado? Primero el apostolado que puedo hacer el campamento en cuanto al ejemplo, muchos estaban sorprendidos de lo que se organizaba, el modo en que se hacía y las actividades que se realizaban… los más grandes recordaban tiempos pasados y el valor para la juventud de hoy de encarar actividades de este tipo. Pero principalmente el apostolado de los sacramentos, ya que en la hermosísima capilla de la estancia pudimos celebrar las Misas de dos domingos, y dos días más, con sacerdotes confesando. A estas Misas y a las que celebrábamos en el campamento siempre asistían o familias o jóvenes que además de participar de la Liturgia aprovechaban a confesarse. De más está remarcar las charlas tenidas con los jóvenes luego de la Misa, o en la playa, etc. Dios sabrá qué semillas se habrán sembrado en sus corazones. Y esto fue posible gracias a que fueron tres sacerdotes… cuando va uno solo se le va mucho tiempo organizando y viendo todos los pormenores…

Fuente: http://misionesive.verboencarnado.net/2013/03/01/campamento-de-varones-en-san-martin-de-los-andes/ 

Después de la Misa en la Cumbre

Después de la Misa en la Cumbre

 

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